Mercado San Miguel, Madrid. Una noche de verano

Viajar con el Paladar

Es verano y para mi no hay momento mejor para probar comida en sitios nuevos. Es así que en uno de mis paseos por la capital española encuentro, a pocos pasos de una de las puertas que lleva a la plaza mayor, un mercado pequeño pero lleno de vida: El mercado san Miguel.

La estructura de este mercado es prácticamente de hierro fundido y cristal. Lo que mas resalta son los juegos que se aprecian en el techo enmarcados por los efectos de las luces, originando una atmósfera que hace que te enamores de cada rincón.

Un poco de Historia

Luces, colores, sombras, perfumes y voces hacen del Mercado de San Miguel, el templo gastronómico de la ciudad de Madrid. Inaugurado en 1915, se desarrolló en lo que era el emplazamiento de la Iglesia de San Miguel de los Octoes.

La Iglesia es bastante mas anterior al mercado. En 1790 la zona entera fue afectada por un terrible incendio que daño profundamente las estructuras. En 1809, Giuseppe I Bonaparte, por un proyecto de abertura urbana, ordenó la demolición de la zona y se creó un mercado de productos perecederos.

Por una cuestión higienica, ingenieros, medicos y varias personalidades publicas empezarón a pedir una estructura que garantizase condiciones mejores y mas salubres del mercado. Ya en 1860 se empezaron a construir varios mercados cerrados pero todavía no había bastante demanda por cantidad de población que pudiera justificar un mercado cerrado y se siguió vendiendo al aire libre.

Por fin se optó por el proyecto del arquitecto Alfonso Dubé y Diez, año de costrucción 1915 ( Esto aparece en el rotulo, en realidad se construyó en dos fases, para no interrumpir las actividades del mercado, una en 1914 y la otra, la definitiva, el 13 de mayo de 1916).

Desde el 2009 el mercado de San Miguel es unos de los puntos gastronomicos del casco antiguo de Madrid. Vamos a visitarlo juntos.

Quesos Artesanos

En el Puesto de quesos Mya Valdalos, a la derecha de la entrada, lo primero que te llama la atención es la enorme cantidad de quesos que ofertan. Es su producto estrella  sobre el que crean todo tipo de pinchos de quesos,  típicos de una degustación gourmet acompañados de una estupenda amabilidad por parte de los trabajadores. Os aconsejo visitarlos será una buena experiencia.

Brochetas

Otro sitio muy interesante con una presentación cautivadora es el puesto de Brochetas. También allí el señor que conocí fue increíblemente amable y la brochetas muy ricas.

Ahumados Dominguez

Un toque de class en un mercado gourmet. Pan y queso fresco unidos  al servicio del sabor soberano: el salmón ahumado. Un pequeño beso al paladar en perfecto estilo gourmet gastronómico.

Mozzarella Bar – Mozheart

Vista la buena experiencia de la noche antes, volvimos de día para completar los puestos.

Yo creo que entre todos los puestos este es el que mejor representa el alma de este mercado. Productos de extrema calidad, presentación cuidada al detalle y gran amabilidad. La verdadera alma gourmet. En particular probé (en perfecta linea italiana) el pan con tomate, mozzarella y bresaola. Una fiesta de sabores perfectamente equilibrados cada uno con su nota característica. Generalmente en panecillos de este tipo el riesgo es que un sabor sobresalga matando los otros. En este caso los sabores convivían perfectamente entre ellos. La bresaola fresquisima, el tomate en su punto. Mozzarella y rúcula dos columnas sujetando el equilibrio de sabores entre todos los elementos.

Conclusiones de la visita a San Miguel

Esta primera (de muchas) salidas a comer el mundo vio como protagonista el mercado gourmet de San Miguel, y nunca una elección fue mas acertada. Buena comida, buena gente y buen ambiente. Es comer dentro de la historia de la ciudad.

Está claro que no es un mercado para todos los días. Los precios son bastante elevados por la enorme calidad. Es mas un mercado para darse un “capriccio”, saborear y gozar de la excelencia de vez en cuando.

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Balicico Admin

Blogero por casualidad, músico de profesión, fotógrafo en mis ratos libres y cocinero por placer. Ante todo, aclarar, no soy un cocinero profesional, todo lo que sé lo he aprendido de las cocinas de mi abuela y mi madre y a base de leer, leer y experimentar.

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